1.4.05

II

Se despertó sobre arena de playa. Al principio, todo lo que vio fue luz blanca, hasta que sus ojos se fueron acostumbrando a la claridad. Lentamente, se incorporó y miró a su alrededor: olas, a un lado; dunas, al otro. Detrás de éstas, lejos, montañas.

Se llevó una mano a la sien. ¿Cómo había llegado allí? ¿Desde dónde? Ya puestos... ¿quién era?

Trató de recordar. Pero su único recuerdo nítido era una mancha roja delante de sus ojos, cubriendo todo su campo de visión.

A falta de otra cosa mejor que hacer, echó a andar. Caminó durante lo que le parecieron horas, forzando la vista y la memoria. La primera, porque no quería admitir que estaba completamente solo. La segunda, porque no quería aceptar que el único recuerdo que le quedaba era, según empezaba a comprender, el del momento de su propia muerte.